Irydeo Observatory

Eclipse Total de Sol 2026

Eclipse Total de Sol 2026 (Sun)

Aug, 12 2026

Separator
Magnitude
-26.7
RA
-
DEC
-
Telescope
Tak FS60
Camera
Touptek 678M
Mount
ST25Pro
Resolution
1.18 arcs/pixel
Filters
Baader Solar Continuum
Capture time
1ms

tse2026

La ruta a la totalidad

Hay fotos que uno hace porque quiere guardar un recuerdo. Y luego están esas otras que, cuando vuelves a mirarlas, te das cuenta de que cuentan mucho más de lo que parecía en el momento de hacerlas, esta es una de ellas.

Todo comenzó como una idea preciosa: acercar a los vecinos de Meco la oportunidad de vivir algo verdaderamente excepcional, uno de esos regalos que el cielo ofrece muy pocas veces y que tardará décadas en repetirse en esta zona.

Lo que al principio parecía simplemente una jornada para observar un eclipse terminó convirtiéndose en un proyecto enorme, levantado prácticamente desde cero por el equipo de Nutrivida. Solo puedo agradecerles el esfuerzo, la ilusión y la cantidad de horas que han dedicado a sacar adelante una iniciativa tan ambiciosa, incluso cuando por el camino fueron apareciendo obstáculos de todo tipo.

La ruta hacia la totalidad empezó realmente el 11 de agosto. Ese día abrimos las puertas a todos los que quisieron acercarse para conocer mejor lo que íbamos a vivir apenas veinticuatro horas después. Hablamos del Sol, de la Luna, de por qué ocurren los eclipses, de lo extraordinaria que es la coincidencia que permite una totalidad… y, sobre todo, tuve la oportunidad de conocer y charlar con muchos de los amigos que al día siguiente volverían para mirar juntos al cielo.

Y llegó el 12 de agosto. Desde primera hora de la tarde comenzamos a preparar todo el dispositivo de observación y retransmisión en directo que habíamos diseñado para las más de mil personas que esperábamos recibir.

Las condiciones, desde luego, no ayudaban demasiado. El cielo estaba despejado, sí, pero el termómetro rondaba los 40 °C y soplaba un viento bastante desagradable. Montar telescopios, pantallas, cámaras, ordenadores y todo el cableado bajo aquel calor convirtió lo que sobre el papel parecía sencillo en una pequeña prueba de resistencia.

Y entonces llegaron esos minutos que cualquiera que haya preparado alguna vez algo importante conoce perfectamente. Un cable que no responde. Una conexión que parece que va a fallar justo cuando más la necesitas. Un ordenador que decide hacer algo que nunca había hecho durante todas las pruebas. Ese momento en el que miras alrededor y piensas: por favor, que todo funcione.

Tras algún que otro instante de zozobra, finalmente todo quedó listo. Y entonces empezó a llegar la gente. Primero unos pocos. Después cientos, miles... las carreteras de entrada a Meco comenzaron a colapsarse y aquello que durante meses habíamos imaginado sobre planos, listas de material y pruebas de equipos se convirtió de repente en una realidad delante de nosotros.

La música en directo comenzó a sonar mientras seguían llegando más y más amigos. El espectáculo celestial se acercaba.

A las 19:00, todavía bajo un calor abrasador, comenzamos la introducción al eclipse. Ya no quedaba demasiado tiempo y había mucho que contar: qué íbamos a ver, por qué ocurría, qué cambios notaríamos a nuestro alrededor y, sobre todo, qué sucedería cuando la Luna terminara por cubrir completamente la fotosfera.

Todo estaba preparado. A las 19:30 pusimos en marcha la retransmisión en directo, apenas seis minutos antes del primer contacto.

Y entonces empezó de verdad, la Luna tocó por primera vez el borde del Sol y comenzó lentamente a avanzar sobre su superficie. Al principio era apenas una pequeña mordida que minuto a minuto fue creciendo.

En las pantallas podíamos ver cómo el disco lunar iba ocultando la fotosfera mientras todavía permanecían perfectamente visibles las manchas solares, las regiones activas y hasta la textura granular de la superficie del Sol.

Y precisamente de ese momento nació la imagen que acompaña a la historia anterior.

El Sol no es una bola lisa

Uno de los detalles que más me gusta de la imagen es precisamente su textura. La superficie visible del Sol está completamente llena de un fino patrón de pequeños gránulos. No es ruido de la cámara ni un efecto artificial del procesado: es granulación solar.

La fotosfera del Sol está en continuo movimiento. El plasma caliente asciende desde capas más profundas, libera energía, se enfría y vuelve a descender. Desde aquí, a unos 150 millones de kilómetros de distancia, ese proceso se traduce en una textura parecida a un enorme mosaico.

Y aquí viene una de esas cosas que siempre me parecen increíbles cuando las cuento: cada uno de esos pequeños gránulos tiene un tamaño del orden de mil kilómetros. Lo que en la fotografía parece apenas una motita diminuta podría cubrir buena parte de un país, es una forma bastante espectacular de recordar la escala de lo que estamos mirando.

Esos puntos negros tampoco son simples puntos

Sobre el disco pueden verse además varias manchas solares y pequeños grupos de manchas.

Las manchas no son agujeros en el Sol, son zonas de la fotosfera asociadas a campos magnéticos muy intensos. Esos campos dificultan parcialmente el transporte de energía hacia la superficie y hacen que esas regiones estén algo más frías que su entorno, por eso las vemos oscuras.

Y digo “algo más frías” con toda la intención, porque siguen estando a miles de grados, ese contraste es el que hace que aparezcan casi negras frente al resto de la fotosfera.

Durante aquel día podían identificarse varias regiones activas distribuidas sobre el disco solar. Algunas eran pequeñas y discretas; otras mostraban estructuras bastante más claras. Y todo eso estaba ahí, evolucionando sobre la superficie de nuestra estrella, mientras la Luna iba pasando lentamente por delante.

También se ve cómo cambia el brillo del Sol

Otro detalle curioso está en el borde. Si os fijáis, el disco no tiene exactamente el mismo brillo desde el centro hasta la periferia. Cerca del borde solar la imagen se oscurece ligeramente, eso se llama oscurecimiento del limbo.

Cuando miramos hacia el centro del Sol podemos ver capas algo más profundas y calientes de la fotosfera. En cambio, cuando miramos hacia el borde, nuestra línea de visión atraviesa regiones un poco más altas y frías. El resultado es ese gradiente suave de luminosidad:

  • No es viñeteo.
  • No es un defecto óptico.

Es el propio Sol mostrándonos cómo cambia la temperatura de su atmósfera.

¿Cómo está hecha la imagen?

La fotografía se realizó con un equipo bastante pequeño, pero muy especializado para observación solar:

  • un Takahashi FS-60 con un Evoguide 50 guiando al Sol;
  • un prisma de Herschel Lunt;
  • un filtro Baader Solar Continuum;
  • y una cámara monocroma ToupTek 678M.

El Takahashi FS-60 es un refractor de solo 60 mm de apertura, puede parecer poca cosa para fotografiar una estrella, pero el Sol juega con otras reglas: aquí no falta luz precisamente, lo importante es conseguir controlar esa enorme cantidad de energía y, al mismo tiempo, aumentar el contraste de los detalles más finos.

Ahí entra en juego el prisma de Herschel: la inmensa mayoría de la luz y del calor se desvía fuera del sistema óptico, permitiendo trabajar con una pequeña fracción de la radiación solar.

Después aparece el Baader Solar Continuum, un filtro que selecciona una zona muy concreta del espectro visible y que funciona extraordinariamente bien para aumentar el contraste de la fotosfera. Manchas, penumbras, pequeños poros y granulación empiezan entonces a destacar mucho mejor.

Y finalmente está la cámara monocroma. Al no utilizar una matriz de color, cada píxel está dedicado a registrar intensidad luminosa, algo especialmente interesante cuando lo que buscamos es sacar todo el detalle posible.

Dos mundos en una misma fotografía

Pero probablemente mi parte favorita de la imagen sea otra. En una misma foto estamos viendo simultáneamente dos objetos separados por una distancia gigantesca. Ese borde negro que cruza el Sol pertenece a la Luna, situada a unos cientos de miles de kilómetros de nosotros.

La superficie granulada del fondo pertenece al Sol, está situado a unos 150 millones de kilómetros, y sin embargo, desde nuestra posición ambos parecen encajar perfectamente por una coincidencia geométrica extraordinaria.

La fotografía es, en cierto modo, una superposición de dos escalas completamente distintas: un mundo cercano pasando por delante de una estrella.

Lo que esta imagen no enseña

Y aquí es donde la foto cambia completamente de significado para mí. Porque ahora sé lo que ocurrió después.

En el momento de esta captura todavía veíamos granulación, manchas solares y buena parte de la fotosfera, pero la Luna continuó avanzando, poco a poco el disco solar se convirtió en un creciente cada vez más fino, la luz empezó a cambiar, el ambiente se volvió extraño, la temperatura comenzó a bajar... y toda la gente que se había reunido en Meco empezó a darse cuenta de que aquello que llevábamos tanto tiempo esperando estaba realmente ocurriendo.

Hasta que desapareció el último fragmento de fotosfera... y entonces llegó la totalidad.

Durante 55 segundos, todo lo que aparece en esta fotografía quedó oculto: las manchas desaparecieron, la granulación desapareció, la fotosfera desapareció.

Y apareció algo que normalmente permanece escondido detrás del enorme brillo del Sol: la cromosfera y la corona solar.

Creo que por eso me gusta tanto esta imagen:

  • No muestra el momento más espectacular del eclipse.
  • No muestra la totalidad.
  • No muestra la corona.

Muestra el camino, es la última parte del viaje antes de que todo cambiara. Un Sol lleno de actividad, con su superficie hirviendo, sus regiones magnéticas y sus manchas, mientras la Luna avanza lentamente sobre él.

Y nosotros, desde Meco, esperando lo que iba a suceder unos minutos después. Por eso, cada vez que vuelvo a verla, ya no veo simplemente una fotografía solar: veo la ruta a la totalidad.